El Vaticano confirmó la próxima beatificación de Enrique Ernesto Shaw, empresario argentino, dirigente católico, luego de que el Papa autorizara el decreto que reconoce un milagro atribuido a su intercesión. Shaw se convertirá así en el primer empresario argentino elevado a los altares, una figura singular dentro de la historia reciente de la Iglesia.
La decisión forma parte de una serie de decretos aprobados por el Pontífice, que también incluyen la beatificación de once mártires españoles asesinados durante la Guerra Civil, aunque el caso de Shaw se destaca por tratarse de un laico sin vínculo con aquel período histórico.
Enrique Shaw murió joven, a los 41 años, pero dejó una huella profunda en el mundo empresarial argentino. No fue sacerdote ni religioso: fue empresario, oficial de la Armada, esposo y padre de nueve hijos. Su vida se caracterizó por una coherencia poco habitual entre fe, trabajo y compromiso social.
Convencido de que la empresa debía ser una comunidad de personas y no solo un espacio de lucro, Shaw impulsó una forma distinta de relación entre dirigentes y trabajadores. Promovió el diálogo, la justicia social y la dignidad del empleo en tiempos atravesados por fuertes conflictos laborales.
Entre sus aportes más recordados se encuentra el impulso al salario familiar, una iniciativa innovadora para la época, pensada para que el ingreso del trabajador contemplara las necesidades reales de su grupo familiar. Para Shaw, el salario debía permitir una vida digna y no limitarse a una lógica meramente económica.
Fue además fundador y primer presidente de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), desde donde promovió activamente la Doctrina Social de la Iglesia en el ámbito económico. Su mensaje, contracultural incluso hoy, sostenía que fe y empresa no solo podían convivir, sino que debían integrarse.
Durante los años de persecución religiosa en la Argentina, Shaw fue detenido por su condición de católico comprometido. Más adelante, una grave enfermedad lo llevó a necesitar transfusiones de sangre urgentes. En ese contexto, trabajadores de su empresa se ofrecieron espontáneamente como donantes, un gesto que él sintetizó en una frase que se volvió emblemática: “Ahora soy feliz, porque por mis venas corre sangre obrera”.
En 2021, el papa Francisco lo declaró venerable. En los últimos meses, el milagro atribuido a su intercesión superó las instancias médicas y teológicas, hasta recibir ahora la aprobación definitiva del Dicasterio para las Causas de los Santos, paso previo a la beatificación.
Desde la ACDE y la Acción Católica Argentina celebraron la decisión y destacaron que la figura de Enrique Shaw representa una invitación a humanizar la economía, trabajar por el bien común y recuperar la dignidad del trabajo como valor central de la vida social.
